Global Nuclear Disarmament Fund

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GNDF en el mundo

 

 

New London, CT, 31 de julio de 2005

The Day

Cuando la historia se convierte en un círculo completo

Por SHARLENE SPINGLER
Publicado el 31/7/2005

En ocasiones, ciertas circunstancias pueden llevarnos a un momento del pasado del que poco sabemos; del presente, del que somos plenamente conscientes, y del futuro posiblemente En ocasiones, ciertas circunstancias pueden llevarnos a un momento del pasado del que poco sabemos; del presente, del que somos plenamente conscientes, y del futuro posiblemente amenazador. Recientemente he visitado a un amigo de la costa oeste que me pidió que le acompañara a un evento del que me ofreció muy pocos detalles, salvo cuando afirmó que iban a participar japoneses. Puesto que ha pasado un tercio de su vida en Japón, no me pilló por sorpresa. Nos reunimos en San Francisco, subimos a una furgoneta y nos llevaron al Muelle 39, donde estaba anclado el barco japonés Nippon Maru. Esta embarcación había tardado veinticinco días en llegar a América.

Era el 16 de julio, el sesenta aniversario de la detonación del primer dispositivo atómico en 1945 en Jornada del Muerto, Trinidad, Alamogordo, N. M. El Nippon Maru había transportado la llama atómica original, prendida por un monje de las cenizas incandescentes de Hiroshima y mantenida viva en un monasterio durante los últimos sesenta años.

Los monjes creen que lo bueno y lo malo se produce en círculos. Patrocinados por el Fondo Global para el Desarme Nuclear, este fue el inicio de su viaje americano para devolver la llama a Trinidad tras un recorrido de 2 500 Km. desde San Francisco hasta Alamogordo, donde apagarán la llama. Piensan que, devolviendo la llama a su origen, cerrarán el círculo de destrucción de forma pacífica al tiempo que crean un nuevo círculo de paz.

Mi madre trabajó durante la década de 1940 para el Proyecto Manhattan. Yo, nacido en la década de 1950, viví la Crisis de los Misiles Cubanos realizando simulacros de ataques aéreos en el instituto. Las monjas de la escuela tenían a 2 000 niños rezando por la paz, recitando el rosario, nuestras voces haciendo eco en los pasillos de hormigón. Nos dijeron que no nos aproximáramos a las ventanas para evitar que el vidrio nos cortara cuando la bomba lo hiciera estallar. Muchos de los que nacimos en esa era conservamos un temor no verbalizado respecto a que vamos a asistir al fin del mundo, tal como lo conocemos, debido a algún evento político catastrófico que poco tiene que ver con nosotros.

Estos sentimientos regresaron el 11 de septiembre de 2001. Vi los ataques desde las ventanas de mi oficina en el piso 65 del Empire State Building. Vivo al otro lado de la calle del edificio de las Naciones Unidas. Me dio la sensación de que tenía un asiento reservado para el Apocalipsis. Incluso con las amenazas de bomba diarias en la ciudad de Nueva York y los recientes acontecimientos de Londres, todos los días subo a mi nido en la cima de la ciudad con una fe inocente en que no se va a producir tal catástrofe.

Esta fe inspiró la ceremonia, que tuvo lugar en el muelle en el que estaba atracado el Nippon Maru. Después de todo, también partió de San Francisco el crucero Indianápolis el mismo día, 16 de julio, portando las piezas para el montaje de «Little Boy», la primera bomba atómica, con destino a la isla de Tinian. Semanas después, el 6 de agosto de 1945, el B-29 denominado Enola Esta fe inspiró la ceremonia, que tuvo lugar en el muelle en el que estaba atracado el Nippon Maru. Después de todo, también partió de San Francisco el crucero Indianápolis el mismo día, 16 de julio, portando las piezas para el montaje de «Little Boy», la primera bomba atómica, con destino a la isla de Tinian. Semanas después, el 6 de agosto de 1945, el B-29 denominado Enola Gay, la arrojó sobre Hiroshima matando a 237 062 personas directamente y con posterioridad debido a la radiación.

En la actualidad, hay 270 000 «hibakusha», víctimas de la bomba atómica residiendo aún en Japón. Uno de ellos, Takahashi Tanemori, que sobrevivió a Hiroshima, habló en el muelle. Un hombre diminuto con un perro lazarillo, que tenía ocho años y estaba jugando al escondite en el sótano de su escuela cuando cayó la bomba. Todo el mundo en la escuela falleció, salvo él. Toda su vida cambió en menos de dos minutos. Hijo de un destacado samurai, afirmó que había venido a América cuando era joven en busca de venganza. En su lugar, se casó, fundó una familia y su vida cambió. Aquí estaba, con sesenta y ocho años, rogando de forma apasionada para que cese la proliferación de armas nucleares.

La llama atómica original pasó de manos del superviviente de Hiroshima a las del Dr. Bruce Blair, del Centro para la Información sobre Defensa multinacional de Washington, D.C. Anterior oficial de lanzamiento de Minuteman-II, está considerado como unos de los expertos más destacados en el tema de la posibilidad de una guerra nuclear por accidente.

En la actualidad hay 30 000 armas nucleares conocidas en el mundo. Estados Unidos y Rusia tienen preparadas 4 000. Su poder de destrucción es 100 000 veces superior al de la bomba arrojada sobre Hiroshima. Pueden desplegarse en dos minutos y llegar en veinte a sus objetivos intercontinentales.

El Dr. Blair habló de estos misiles, armados y orientados a su objetivo. «Estas armas permanecen en alerta inmediata y están integradas en un sistema de respuesta automática por el que, si se lanza una o se produce una falsa alarma, todas pueden activarse en respuesta a ello» afirmó. «En una era de ciberterrorismo en la que los terroristas intentan piratear los sistemas de lanzamiento de Comandos Aéreos Estratégicos, esto convierte la realidad de un intercambio nuclear no intencionado en una posibilidad factible».

La llama atómica pasó a manos de un senador japonés, Shoukichi Kina, quien dio paso al actor Steven Seagal. Seagal es amigo mío y es la persona que me llevó a esta ceremonia.

Seagal vivió en Japón durante muchos años, se casó y tuvo hijos allí y habla con fluidez tres dialectos japoneses. Donó al Fondo Global para el Desarme Nuclear sus primeros 100 000 $ para inutilizar un arma nuclear rusa. Se hará una guitarra con este metal. Es músico desde hace cuarenta años y actor desde hace veinte.

Seagal tomó la llama y, posteriormente, se la devolvió a los monjes para que comenzaran su marcha hacia Trinidad.

«Es responsabilidad de todos los ciudadanos globales liberar al mundo de esta amenaza inminente» manifestó Seagal. «He sido bendecido con la gracia de conocer a muchas personas que sobrevivieron a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Su ejemplo de espíritu y «Es responsabilidad de todos los ciudadanos globales liberar al mundo de esta amenaza inminente» manifestó Seagal. «He sido bendecido con la gracia de conocer a muchas personas que sobrevivieron a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Su ejemplo de espíritu y fortaleza sustenta mi determinación de convertir este mundo en un lugar mejor».

El símbolo caligráfico chino original para la medicina significa, literalmente, música. Espero, por el bienestar de todos los seres sensibles, que el gesto de Seagal y la guitarra post-nuclear resultante proporcionen ciertas sugerencias curativas a quienes detentan el poder.

Sharlene Spingler es escritora y fotógrafa en la Ciudad de Nueva York. Su dirección de correo electrónico es Dinganch@concentric.net.

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